Gran Canaria, 12 de abril de 2021– Una delegación de la comunidad bahá’í de Santa Lucía de Tirajana, ha visitado el centro de acogida para refugiados situado en la localidad de Vecindario, en el municipio de Santa Lucía de Tirajana, Gran Canaria.

Este centro fundado en 1994, está gestionado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), una organización no gubernamental creada en 1979, para dar un servicio jurídico a las personas que solicitan protección internacional, pero también acogida, ayuda a la consecución de empleo y el aprendizaje del idioma.

La comunidad bahá’í viene colaborando con este centro, también llamado Centro de Migración de Vecindario, desde sus comienzos en los años 90. Una de las necesidades de los refugiados es la falta de relación social con los ciudadanos del lugar. Los bahá’ís de Vecindario visitaban a los refugiados en el centro y también les invitaban a sus casas, estableciendo amistad con muchos de ellos.

El director del Centro, Gonzalo Andrade, recibió con mucha amabilidad a la delegación bahá’í y expresaba: “Tener corazón y sentir cercanos los dolores y esperanzas del resto de las personas de la humanidad, es fundamental. Sé que la comunidad bahá’í tiene ese sentimiento. La relación de la comunidad bahá’í con el CEAR es desde hace muchos años. Con sus representantes de Vecindario, desde que yo estoy en esta organización allá por el año 2001, hemos tenido una buena relación de participación en algunos eventos, con talleres de grupos de jóvenes, de información acerca del crecimiento personal. Los objetivos y la misión de la comunidad bahá’í,  son objetivos que puede compartir cualquier persona, profese la religión que profese, pretender un mundo más justo, desde el crecimiento personal y espiritual, es algo que a las personas refugiadas sean de la religión que sean, les puede ayudar a crecer como personas. Además también la comunidad bahá’í ha experimentado en carne propia, lo que es el refugio y el exilio. Por eso CEAR, en su asamblea, se encuentra representantes no sólo de partidos políticos, sean de izquierdas o de derechas, sino también de las principales confesiones religiosas: está la Iglesia evangélica, la comunidad musulmana, la Iglesia católica, porque al fin y al cabo, ser perseguido por motivos políticos o religiosos, no te exime que la persecución pueda venir de un lado o de otro. Puedes ser perseguido por ser católico, musulmán o evangélico, o por ser de derechas o izquierdas, por ello, el asilo o la protección debe estar por encima de cualquier consideración política o religiosa”.

En estos momentos el centro de acogida de Vecindario, con capacidad para 31 personas, conviven quince personas solicitantes de asilo y quince personas que han llegado con patera principalmente. Desde hace cuatro años existe en Las Palmas un segundo centro de acogida con 40 plazas para solicitantes de asilo.

“Estas personas han sido perseguidas, han perdido a sus seres queridos”, señala Gonzalo Andrade, “muchas de ellas no saben a qué han venido. Lo que se sabe a ciencia cierta es que no podían continuar dónde estaban. Hay personas que pudieron planificar su viaje, pudieron planificar y hacer una reflexión de que su vida corre peligro, de que no hay posibilidades, ni perspectiva en su país, de que hay una guerra que pueden acabar con ellos. Pero la mayor parte de las personas no lo han podido planificar, se han visto abocadas a aprovechar la oportunidad para huir, o bien han tenido que esperar en las costas africanas a que alguien, una red de trata de personas o una mafia les ofreciese subir a una patera, a cambio de una explotación económica tremenda. O, bien han tenido que cruzar los puentes que unen Venezuela con Colombia o con Perú y esperar poder subirse a un avión y acabar en territorio seguro. Lo que si está claro es que todas estas personas sabían que no podían seguir en sus países. Una vez llegado a España y tener acceso a entidades sociales que les tratan con dignidad y que muestran interés en qué les pueden ayudar, en ese momento les aparece en su cabeza poder trabajar, no tener que estar dependiendo de que tú me des de comer, de que esta entidad social me ofrezca una cama, esperan poder trabajar para ayudar a su familia y seguir adelante.”

Muchos bahá’ís iraníes huyeron también de su país a consecuencia de la persecución por su creencia, y solicitaron asilo en muchos de países del mundo. “A este centro de acogida no han llegado bahá’ís perseguidos de Irán”, comenta Judtih Loayza, miembro de la comunidad bahá’í de Vecindario, “pero sí una familia iraní que se convirtió al catolicismo en su país y por eso se vio obligada a emigrar. Allí la apostasía está condenada con pena de muerte, por ello esta familia se vio abocada a solicitar refugio en España, en este caso fue trasladada al centro de acogida de Vecindario y allí iniciamos una buena amistad que se mantiene hasta hoy día. Ellos están integrados ahora en Gran Canaria y están trabajando”.

El acceso al permiso de trabajo se produce seis meses después de haber solicitado protección internacional. Cuando alguien llega a España y anuncia a la policía que quiere pedir asilo, la policía le proporciona una cita, que puede ser dentro de 2, 3 o 6 meses. A partir de ese momento, si al cabo de 6 meses no se deniega la solicitud podrían trabajar. En el mejor de los casos puede pasar de 8 a 13 meses hasta que legalmente una empresa pueda contratar a un refugiado.

“En este momento CEAR”, añade Gonzalo Andrade, “lo que necesita, más que voluntarios, que se amplifique los mensajes que lanza, porque desde el estado de alarma y la pandemia, el acceso del voluntariado en los centros de acogida se ha visto muy limitado. El ofrecimiento de talleres, el crecimiento personal, el servicio de intérpretes y traductores de idiomas un poco desconocidos, es una manera de cooperación que podemos tener”.

El propósito fundamental de la comunidad bahá’í es la unidad de todos los pueblos y naciones del mundo en espíritu de armonía. Esta armonía, entre otros muchos aspectos, requiere la potenciación de la aportación de cada individuo y grupo a una nueva sociedad, respetando, y de hecho promoviendo, las diferencias culturales, lingüísticas y artísticas, por mencionar algunas. El principio de unidad en diversidad encuentra expresión en la gran variedad cultural de la propia comunidad bahá’í.

Junto con amigos y vecinos, los bahá’ís se esfuerzan mayoritariamente por establecer procesos de desarrollo comunitario en pueblos y barrios de ciudades. En estos contextos geográficos relativamente pequeños, personas y colectivos de todos los orígenes aprenden a trabajar en equipo para mejorar la vida espiritual, económica y social de su entorno.

Este proceso, al que a veces los bahá’ís se refieren como «construcción de comunidad», se inicia con una serie de actividades de naturaleza educativa que se complementan con otras de carácter devocional. Sin embargo, por muy sencillo que parezca al principio, lo que pretende es empoderar a grupos crecientes de personas para que emprendan un sendero de transformación colectiva a largo plazo que logre generar barrios, pueblos y ciudades sostenibles en todos los aspectos.

“Ellos esperan encontrar a alguien y no sólo que les den algo sino también motivos de felicidad”, asevera el director del centro, “según van avanzando las fases y se permita las reuniones de más personas, y al aire libre, estaría estupendo iniciar alguna actividad. El CEAR puede aportar el testimonio, la experiencia, y las personas de la comunidad pueden aportar al CEAR, tanto a las personas trabajadoras como a las personas refugiadas un poquito de luz, un poquito de esperanza, desde el respeto, porque hay una frase que tenemos grabada en la pared, que dice ‘mucha gente pequeña, en hogares pequeños, como es Vecindario, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo’, y que seguro que son los que lo van a cambiar.”

Gonzalo Andrade concluye la reunión compartiendo la propuesta del CEAR que hizo el pasado febrero al Senado español para abordar mejor la realidad migratoria en Canarias. CEAR fue llamado junto a otras entidades sociales para comparecer en el Senado y aportar su punto de vista. Estas propuestas se pueden ver en este enlace.

Con motivo del centenario del fallecimiento de Abdu’l-Bahá, la delegación bahá’í le hizo entrega del libro ‘La Sabiduría de Abdu’l-Bahá’, un libro que contiene gran parte del ideario bahá’í trasmitido a través de charlas que tuvieron lugar en París en el año 1912.

 


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