– Islas Canarias, 27 de agosto de 2019 – Cerca de 250 personas de doce nacionalidades distintas participaron este año en la Escuela Bahá’í de Verano de Canarias, que se celebró entre el 31 de julio y el 4 de agosto en el hotel Panorámica Garden, en el municipio tinerfeño de Los Realejos.

En esta ocasión, el evento contó con la participación como ponentes de Haleh Arbab, antigua rectora del Centro Universitario para el Bienestar Rural (FUNDAEC) en Colombia; Gustavo Correa, uno de los fundadores de FUNDAEC en Colombia y antiguo miembro del órgano supremo de la fe bahá’í, la Casa Universal de Justicia; y Giuseppe Robiati, ingeniero y cofundador del European Bahá’í Business Forum.

Las escuelas de verano constituyen una oportunidad sin igual para familiarizarse con la historia y las enseñanzas de la fe bahá’í, y este año las personas que asistieron a este importante evento pudieron profundizar acerca de la figura de El Báb, el desarrollo de la comunidad y la participación en los discursos de la sociedad.

Giuseppe Robiati habló sobre la vida y obra del Báb, cuyo bicentenario de su nacimiento se está celebrando este año en las comunidades bahá’ís de todo el mundo. Tal como afirmó, el Báb fue más que el precursor de la fe bahá’í; fue una Manifestación de Dios por sí misma y fundador de una religión que abrió la puerta a la fe bahá’í. Cerca de un millón de personas aceptaron sus enseñanzas en su país de origen, Irán, y muchos de sus seguidores eran sacerdotes que veían como una prueba contundente el poder y la profundidad de sus escritos. “En seis años el Báb reveló cerca de 500.000 versículos, lo que viene a ser como 80 veces el Corán”, señaló Giuseppe Robiati.

Una de las enseñanzas del Báb que llamó la atención en occidente fue el concepto de igualdad entre el hombre y la mujer. De hecho, entre los primeros 18 seguidores se encontraba una mujer, Tahirih, que tuvo la osadía de quitarse el velo en una conferencia del movimiento babí, cuando el Báb estaba encarcelado.

Por otro lado, Robiati afirmó que el Báb tenía dos misiones: cerrar el ciclo adámico, el ciclo de las profecías, y anunciar la llegada del Prometido, que abriría un nuevo ciclo religioso. El Báb es una palabra que proviene del árabe y significa ‘la puerta’.

Por su parte, Gustavo Correa habló sobre el desarrollo de la comunidad bahá’í desde 1996 hasta 2019. Según aseguró, antes de esa fecha la expansión de la comunidad bahá’í estaba centrada en la formación de asambleas locales en todos aquellos municipios del mundo donde residieran más de nueve bahá’ís, mientras que ahora la comunidad bahá’í está más centrada en la creación de capacidad para el servicio y la construcción de comunidad. Este modelo facilita la participación de todos con un sentido de unidad y cooperación, dejando patente que no es un requisito sine qua non ser bahá’í para participar en esta idea de transformación social.

“La acción social”, según Correa, “puede empezar de manera sencilla a través de una persona o un grupo de personas que con el tiempo va ganando en complejidad a medida que se asumen más tareas y se van sumando más personas”.

Durante sus intervenciones, habló también de cómo al inicio de este proceso de construcción de comunidad se consideró necesario capacitar a los individuos en habilidades para el servicio, sobre todo en tareas educativas para niños, jóvenes y adultos. Para un desarrollo social adecuado, apuntó, es necesaria la formación académica pero también la espiritual; ambas van juntas de la mano. En ese sentido, cualquier emprendimiento debe estar acompañado de una integridad ética que la da la formación espiritual.

Finalmente, Haleh Arbab centró sus charlas y talleres en la participación en los discursos de la sociedad, aseverando que, según la Fe bahá’í, el cambio de la humanidad se dará cuando cambie el ser humano y participe en la transformación de la sociedad.

“La religión no está hecha sólo para que los individuos avancen, sino que tiene un componente social para que la sociedad también avance. Es importante no olvidar la visión que tiene la Fe bahá’í de la historia: la humanidad progresa a través de etapas que son equivalentes a las del humano como son la infancia, la adolescencia, la madurez, ahora nos encontramos al final de la adolescencia”, afirmó Arbab, quien manifestó su confianza en que a medida que se fortalecen los cimientos espirituales de la comunidad, también se eleva el nivel de discurso colectivo, las relaciones sociales entre los amigos adquieren un nuevo significado y el sentido de propósito común inspira sus interacciones.

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