Gran Canaria, 24 de agosto de 2026 – ¿Cómo podemos contribuir, desde nuestra vida cotidiana, a construir una sociedad más unida, solidaria y capaz de afrontar sus desafíos? Esta fue una de las preguntas que acompañó a los participantes de la Escuela Bahá’í de Verano de las Islas Canarias, celebrada en Gran Canaria del 19 al 23 de agosto.

Durante cinco días, el Centro Diocesano Pastoral del Campus Universitario de Tafira Baja acogió este encuentro de estudio, convivencia y reflexión, que contó también con la participación de Orlando Ravelo, consejero continental europeo.

Uno de los temas centrales fue la familia y su capacidad para contribuir al bienestar de la sociedad. La reflexión partió de una idea sencilla: muchas de las primeras experiencias que tenemos sobre cómo escuchar, resolver diferencias, cuidar a los demás o tomar decisiones juntos tienen lugar precisamente en la familia.

Desde la perspectiva bahá’í, la familia puede ser un espacio en el que se desarrollen cualidades como el amor, la confianza, la paciencia, la generosidad y la responsabilidad. Pero hablar de unidad familiar no significa pensar que todos sus miembros tienen que estar siempre de acuerdo. Significa, más bien, aprender a afrontar las diferencias de una manera constructiva.

La escucha, el respeto y la consulta —entendida como la búsqueda conjunta de soluciones, teniendo en cuenta las distintas perspectivas— pueden ayudar a que las diferencias no se conviertan necesariamente en motivos de división.

Así, la familia puede convertirse en un lugar donde practicar formas de convivencia que después tienen una repercusión más amplia: escuchar antes de juzgar, buscar el bien común, compartir responsabilidades y comprender que el bienestar de cada persona está relacionado con el de quienes la rodean.

Esta reflexión cobra especial importancia en un contexto en el que muchas personas experimentan soledad, aislamiento, dificultades para dialogar o un debilitamiento de los vínculos comunitarios.

De la familia a la comunidad

A lo largo de la Escuela también se abordó una visión más amplia de la transformación social que las comunidades bahá’ís promueven en distintos lugares del mundo.

En anteriores encuentros celebrados en Canarias se ha reflexionado sobre la importancia de la educación y de los procesos de construcción comunitaria para que las personas puedan desarrollar capacidades y participar activamente en la mejora de sus entornos.

Desde esta perspectiva, la transformación social no depende únicamente de las instituciones o de las grandes organizaciones. También comienza en los espacios cotidianos donde aprendemos a relacionarnos con otras personas.

La familia ocupa, por ello, un lugar especialmente significativo. Una familia que aprende a tomar decisiones conjuntamente, que educa en la igualdad y el respeto, que anima a sus miembros a servir a los demás y que procura afrontar los conflictos mediante el diálogo está desarrollando capacidades que pueden extenderse a otros ámbitos de la vida comunitaria.

«Es en el seno de la familia donde el individuo nace y se cría, y es en el seno de la familia donde los individuos comienzan a aprender a convivir con los demás. El núcleo familiar constituye el cimiento fundamental de la comunidad y, más allá de esta, del orden social en su conjunto.»

Durante sus intervenciones, Orlando Ravelo hizo también referencia a la vida familiar de ‘Abdu’l-Bahá, destacando su hospitalidad y la cooperación entre sus familiares y vecinos. “Su hogar”, explicó, “llegó a ser un lugar de acogida y esperanza para muchas personas necesitadas.”

Las tardes de la Escuela estuvieron dedicadas al estudio y al intercambio en torno a uno de los materiales del Instituto Bahá’í de Capacitación y Desarrollo Comunitario, centrado en la familia y la comunidad y, en particular, en el matrimonio. Este material forma parte de un conjunto más amplio de contenidos que también aborda las conversaciones entre familias, la crianza de los hijos y la búsqueda de una mayor coherencia entre las dimensiones espiritual y material de la vida.

Educar para contribuir

Otro de los temas destacados fue la educación como una vía para fortalecer las capacidades de las personas y de las comunidades.

Orlando Ravelo subrayó el papel de los procesos educativos y la importancia de preparar a las personas para poner sus capacidades al servicio de los demás y de su entorno.

Esta visión también invita a ampliar la manera en que entendemos la educación dentro de la familia. Educar no consiste solamente en transmitir conocimientos o preparar a los hijos para su futuro profesional. También significa ayudarles a aprender a relacionarse, colaborar, asumir responsabilidades y descubrir cómo sus capacidades pueden contribuir al bienestar de otras personas.

Cuando estas actitudes se cultivan desde edades tempranas, los niños y jóvenes pueden llegar a comprender que su desarrollo personal no está separado del bienestar de quienes les rodean.

 

Una conversación para nuestro tiempo

Para los participantes, la Escuela Bahá’í de Verano fue también una oportunidad para preguntarse cómo llevar estas ideas a la vida cotidiana.

Caroline, una de las participantes, resumía así una de las reflexiones compartidas: “La familia tiene un doble propósito, que es su desarrollo material y espiritual, pero además debe tener un propósito social: contribuir a la sociedad como familia. Esto es una decisión que se toma en el seno de la familia incluyendo a los niños”.

Para María del Mar, la familia puede ser uno de los primeros lugares donde comienza esa transformación: “Una sociedad unida no se construye únicamente con leyes, instituciones o programas; se construye también a través de personas que han aprendido a vivir la unidad en sus relaciones más cercanas”.

Paula destacó también esta dimensión comunitaria: “La familia es mucho más que una unidad privada. Puede ser una escuela de diálogo, cooperación, servicio y solidaridad; una pequeña comunidad desde la que aprender a construir comunidades mayores”.

Y Eugenio planteó una pregunta que resume buena parte de la reflexión del encuentro: “¿Qué tipo de relaciones necesitamos cultivar en nuestras familias para contribuir al tipo de sociedad que queremos construir?”


Quizá la respuesta no dependa únicamente de grandes decisiones o de cambios institucionales. También puede comenzar en conversaciones cotidianas, en la manera en que escuchamos a quienes tenemos cerca, en cómo afrontamos nuestras diferencias y en las oportunidades que encontramos para cuidar y servir a los demás.

La Escuela Bahá’í de Verano de Canarias quiso, en este sentido, abrir un espacio para seguir conversando sobre una cuestión que nos afecta a todos: cómo transformar nuestras relaciones más cercanas para contribuir, poco a poco, a la sociedad que queremos construir.

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